El nuevo anecdotario español

Por Alejandro Rabelo García

Derecho de admisión

Yeison F. García López

Editorial La Imprenta

Poemario, 2021.

80 págs.

La poesía política es a la lírica lo que la ficción especulativa a la prosa: Un nicho propio que, a nombre de sus particularidades -y sus fronteras a veces borrosas-, suele padecer las inclemencias de lo pretensioso, lo posado y lo predecible. Algo similar a una receta añeja donde bastarían unos cuantos y trillados ingredientes, unos cuantos y gastados procedimientos, alguna filigrana de probado merengue y listo; receta a la cual se añaden nuevos subterfugios para hacer pasar por buena una mercancía demasiado vista, la principal de ellas negar el uso de la receta empleando falacias argumentativas sin relación con las (Posibles) virtudes de la obra resultante.

Sucede con la más reciente propuesta de Yeison F. García López -sin variación desde Voces del impulso (2017)-, saludada como uno de los finalistas para el Premio Mandarache 2023, a elegir por miles de jóvenes de su natal Colombia; potenciada por los cortos en video de l@ cineasta Heidi Ramírez, intento pionero de las publicaciones transmedia aplicadas a la poesía, pionero y arriesgado por parte de la editorial colectiva. Por ahora, no es éste el espacio para reseñar la producción audiovisual, salvo que concreta el sentido panfletario que, por antonomasia, va a poseer toda poesía política, sin exceptuar la del autor y a pesar de la reiterada negativa de éste a reconocerlo

…fue una de las primeras veces

que la policía nos marcó,

nos señaló,

nos dijo:

negros.

 
(Control aleatorio, Pág. 51)

No responde mi existencia al proyecto colonial eugenésico del mestizaje…

(Dos abuelas, Pág. 55)

Me hablo a mi (sic),

a una generación,

a las infancias

con procesos migratorios,…

(Crecer sin tierra, Pág. 43)

…en mi llanto ya no hay inocencia.

(Aturdido, Pág. 23)

o a reconocer que, hablando estrictamente del corpus sin dicha suplementación, su discurso, más allá de la toma de conciencia y de postura, resulta escasamente poético: Las figuras quedan supeditadas al dato, el tropo al género periodístico y cuando a la expresión de la denuncia desde un enfoque original (La racialización) correspondería un lirismo original, éste queda reemplazado -e igualmente supeditado- a la academia, redundando en descripciones y narraciones que, paradójicamente, se alejan de la imagen (La esencia del verso) y del estilo (La forma del verso).

El poeta, sobre todo en este su segundo poemario, transita de la búsqueda de su identidad -su voz- a convertirse en todo aquello que fustiga

…no debería ser un ejercicio de encapsulamiento,

ni de ciega bravura patriótica,

mucho menos un discurso cerrado y monótono,…

(Autoadscripción identitaria, Pág. 31)

…que soy yo el que habla ahora del derecho de admisión

a vuestros comentarios.

(Derecho de admisión, Pág. 45)

No seré yo quien les diga que su paternalismo es racismo,

que su aparente conciencia no derriba desigualdades.

(Moralidad blanca, Pág. 33)

en vez de apostar por inaugurar -o contribuir a la inauguración de- una cartografía generacional intrínseca, apenas y sublima los episodios autobiográficos, sus reflexiones y sus fijaciones en el tiempo y el espacio, obteniendo ciertos destellos metafóricos y poco menos que las consabidas aposiciones, pasando de una fuerza singular, producto de sus múltiples cruces culturales, de la poesía experiencial a las rimas del anecdotario, más próxima al costumbrismo que al posmodernismo,

…es tu hijo sol que no va a cesar de brindarte

refugio entre sus dedos ramas,…

(Hoy te vas como siempre, Pág. 53)

Me están saliendo raíces en los ojos

de tanto palpar este trozo de tierra…

(Las cosas sencillas, Pág. 17)

Retorcí mi acento tanto

que a destierro olía mi boca.

(Las vidas de las nuestras importan, Pág. 29)

…a entregar sus vidas, a alquilar sus ternuras, a romper sus espaldas,

(…)

para alimentar las barrigas de una familia,

las de un barrio, las de todo un país.

(Llegada, Pág. 61)

No pienso demostrar que tengo alma,

ni el color de mi sangre,

ni mi capacidad de razonar,…

(No quiero que me integres, Pág. 61)

lo cual demerita una potencial renovación dentro de la extensísima y notable tradición de la poesía política, y lo empuja a caer en su trampa habitual: Anclarse en el paradigma de su época, que envejece causas y creador@s, como sucedió, por ejemplo, con las composiciones épicas e históricas que se recitan en los homenajes escolares o aquéllas que saludaron muy prematuramente a las revoluciones cubana y nicaragüense, por no mencionar el Stalin, Capitán,… de Guillén ni el …Mao dirige tu poesía…, de Neruda.

Mientras se olvida muy fácil y muy rápidamente a Jorge Gaitán Durán (Violenta patria mía:/ en mí creció tu amor tardío (…)/ Todo estaba impregnado de ti (…)/ los cien países/ que conocí, con tu dolor siguiéndome/ como si fuera ya mi propia sombra), a Nancy Morejón (Mamá no tenía pase/ y no había pan./ Papá no tenía pase/ y murió degollado), a Piedad Bonett (Fueron veintidós, dice la crónica./ Diecisiete varones, tres mujeres,/ dos niños de miradas aleladas,/ sesenta y tres disparos, cuatro credos, (…)/ cuarenta y cuatro manos desarmadas,/ un solo miedo, un odio que crepita,/ y un millar de silencios extendiendo/ sus vendas sobre el alma mutilada), a Lina Zenón (Tan extenso es mi país/ que la justicia no alcanza para todos), a Hugo Jamioy Juagibioy (le pregunto, señor presidente:// ¿En qué lengua/ están escritos sus sueños? (…)/ Los míos están escritos/ en camëntssá./ Así/ jamás nos entenderemos), a Cristina Peri Rossi (Para que yo pudiera amarte/ las crisálidas se hicieron mariposas/ y los generales tomaron el poder), a María Mercedes Carranza (Esta casa de espesas paredes coloniales/ y un patio de azaleas muy decimonónico/ hace varios siglos que se viene abajo (…)/ En esta casa todos estamos enterrados vivos), a Miguel James (Si escribo un poema de amor es contra la policía./ Y si canto a la desnudez de los cuerpos canto contra la policía), a Emilia Ayarza (Nada pudo detener la muerte (…)/ La historia de Cali dejó de ser un río deliberadamente puro/ por cuyas ondas los días eran barcos de vidrio.// El rojo fue una lluvia sostenida en el aire/ y entre los montes de cristal la sangre/ dibujará para siempre vitrales en la sombra!), a Roque Dalton (Cuando yo muera,/ sólo recordarán mi júbilo matutino y palpable,/ mi bandera sin derecho a cansarse,/ la concreta verdad que repartí desde el fuego,/ el puño que hice unánime), a John F. Galindo (El expresidente piensa que la lujuria es para los pájaros./ El expresidente piensa que hay que reducir el sueldo a las cajeras/ para que los que tienen maestría se sientan prestigiosos), a Néstor Perlongher (En lo preciso de esta ausencia,/ en lo que raya esa palabra,/ en su divina presencia,/ Comandante, en su raya/ hay Cadáveres), a Maruja Vieira (Las montañas, las rocas/ también están allí,/ pero guardan/ un inverosímil silencio.// Están inmóviles/ como nosotros,/ que no hacemos nada/ mientras Haití se muere), a Sergio Witz (ese trapo (…)/ que nada representa,/ salvo tres colores/ y un águila/ que me producen/ un vómito nacionalista/ o tal vez un verso/ lopezvelardiano/ de cuya influencia estoy lejos), a Milena Rodríguez Gutiérrez (¿Debe hervir un país/ o debe cocinarse a fuego lento?/ Y, sobre todo, quién se atreve/ a probarlo y decir:/ Está ya listo), a José Emilio Pacheco (No amo mi patria./ Su fulgor abstracto/ es inasible./ Pero (aunque suene mal)/ daría la vida/ por diez lugares suyos,/ cierta gente), a Heberto Padilla (Protégete de los tímidos y los apabullados,/ porque un día dejarán de ponerse de pie cuando entres), a Carlos Pellicer (El mendigo que espera./ La Navidad estéril de la obrerita./ Los ricos y la ingratitud eterna (…) / Y el ansia de ser bueno y humilde,/ y sin embargo, querer izar muchas banderas (…)/ En Veracruz hay muchos tiburones/ que comen yanquis con frecuencia./ Truculento plato de ladrones); y se soslaya a sus propi@s contemporáne@s como, entre otr@s, Javier Egea (En la radio dijeron que saliste temprano), Laura Domingo Agüero (Unas manos colocan el pollo y el arroz/ sobre la mesa./ Un trozo y no hay más/ -yo siempre quiero más-./ Me agotan la tristeza y el ahorro), Gema Palacios (Soy la noche que va rompiendo flores/ y busca chocolate en la nevera) y Nicolás Peña Posada (pero yo sí tengo miedo, María,/ de que un día no vuelvas/ porque te llevaron los policías/ mientras caminabas por la ciudad;/ de que un día, como tantos,/ tu cuerpo no valga nada/ y te rajen y te rompan y te olviden/ en cualquier potrero,/ en cualquier sonido de pájaro extinto), Yeison F. García López opta por exponer la tragedia, la violencia, la pérdida y la impunidad, descarnada y legítima, que sufre entre 2 naciones con las cuales no siente pertenencia del todo, no desde esta extraordinaria mirada bifurcada del poeta sino desde el atril del candidato, casi rozando la demagogia, casi ignorando a la estética.

Valga una atenuante: Abonan al demérito las varias erratas de la edición desplegadas a lo largo del volumen, tantas y tan indiscretas que alcanzan no sólo al cine breve de Ramírez -entre los subtítulos y la voz en off del autor- sino a la lectura misma de algunas piezas.

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