Plataforma Cero: otro tezcatl

Esta semana iniciamos con las intervenciones de nuestro editor Alejandro Rabelo García, que a través de sus columnas nos orienta acerca de la importancia de la escritura como herramienta de resistencia para las corporalidades migrantes. Desde aquí abrimos la ventana a un universo de maravillosas posibilidades. ¡Disfruten de la lectura!

Por Alejandro Rabelo García

Julián García Pola, mi bisabuelo materno, nació en la década de 1870, en Murcia, España. Dado que su único hijo -mi abuelo- nació en 1924 en Villahermosa, México, no perteneció a la generación del Exilio español, término con el que conocemos a quienes huyeron de la península ibérica, como muy tarde, a partir del golpe de Estado de Franco en julio de 1936. Jamás se asumió como exiliado, ni siquiera como migrante: Era un español con esposa indígena y progenie mexicana.

La huella del Exilio español recorre México y el larguísimo siglo XX de 3 generaciones: Ninguno asumido como migrante, ni siquiera los que lo fueron, como Max Aub, León Felipe, Remedios Varo, Paco Ignacio Taibo II, etc. Al norte y al sur del territorio mexicano, se atestan centenares de miles de personas a quienes invariablemente se les nombra migrantes, incluso para quienes se quedan, por ejemplo, en Villahermosa, mi ciudad natal: Ninguno se asume como exiliado, ni siquiera porque lo son.

¿Quién no conoce el fenómeno de una 4ª y hasta una 5ª generación del Exilio cubano de Miami y otros lares? Nietos y bisnietos que nacieron en el extremo epónimo del estrecho de Florida, pero no se reconocen migrantes y con razón: Ya pueden votar y ser votados, siempre republicanos. ¿Quién no conoce el fenómeno, igualmente en Estados Unidos, de los migrantes mexicanos? Viajan al espacio, como José Hernández, y su población en Los Ángeles supera a 29 de las 32 capitales estatales de México. Pero no se autoproclaman exiliados, aun cuando pueden mencionar, Hollywood de por medio, el pasado territorial mexicano; aun cuando lejos quedan ya de aquel accidente geopolítico: Dormir como mexicanos y despertar como estadounidenses.

Existen el exilio venezolano y los migrantes venezolanos; el exilio nicaragüense y los migrantes nicaragüenses en caravana o brincando a Costa Rica; el exilio guatemalteco y el salvadoreño, que huyeron de sus interminables guerras civiles, y la migración desde ambas naciones, serpenteando las cordilleras mexicanas y la fatiga de sus habitantes por mirarse dentro un espejo de obsidiana: Cada uno tiene un ser querido que se fue, nunca exiliados, con los mismos motivos con los cuales, año con año, los vemos llegar, siempre migrantes.

Hubo exilio chileno y argentino, uruguayo y dominicano, pero no se menciona a la migración sudamericana y caribeña, mucha de la cual pasa por el hueco mortal de la jungla sin senderos del Darién en Panamá, desde ésos y otros muchos países del continente. Quienes cruzan y se quedan, muy queditos, son migrantes: Desde las celebridades hasta los vecinos. ¿Por qué a veces también los que cruzan y se quedan a golpe de calcetín, al amparo de la suerte, el físico y la caridad pública? ¿Por qué a veces no los que cruzan, se queden o vuelvan, del mismo modo? ¿Por qué Evo Morales fue un exiliado, pero el padre de una amiga activista de Guanajuato fue un migrante, si ambos ya volvieron a su natal Bolivia?

Debe existir literatura sobre el exilio iraní -bajo el Sha o bajo los ayatolás-, pero ni siquiera el sionismo habla del exilio hebreo: Siempre lo llamó o diáspora o asimilación. Hoy le llama aliyá a la migración hacia Israel, un país cuya existencia sorprendió a los propios judíos en sus patrias goyim. Curioso caso cuando nos referimos, por ejemplo, a la migración turca, y no al exilio turco, en Alemania; a las comunidades argelinas, libias o tunecinas en Francia, de 3ª o 4ª generación (Es decir, ya no pueden ser pied-noirs), como migrantes o hijos de migrantes, jamás al exilio aunque lo hubo: ¿Soñó alguna vez Albert Camus con retornar a su amada Orán?; a las múltiples migraciones americanas en Europa, sólo para algunos casos exiliados: Lo fueron García Márquez y Onetti. ¿Pueden decirse así de Peri Rossi y de Del Paso?

El derecho internacional define todos los estatus para la migración: Asilado, refugiado, tránsito humanitario, residente, nacionalizado, naturalizado. No para el exilio, pues según ciertas doctrinas, quien se va usualmente por la fuerza sólo anhela volver (El principio que sustenta los Exilios español y cubano). ¿La persona migrante nunca desea volver? ¿Una persona exiliada que tramita el grado de su radicación en el extranjero no es migrante? ¿Cuáles fuerzas expulsan a un exiliado y cuáles a un migrante? ¿Son diferentes o similares?

Para el exilio, el campo semántico refiere esas dimensiones: Destierro, transterrado, desarraigo, erradicar, ostracismo, cuya etimología griega evoca el método, no el resultado: Enviar al extranjero, durante 10 años, a una persona peligrosa para la democracia ateniense; hoy, simplemente, posee denotaciones políticas (Fuera del partido o del gobierno), económicos (Sanciones o embargos) y sociales (Aislamiento o misantropía). ¿Quien sufre ostracismo cuándo empieza a ser migrante?

Ya ni siquiera usamos los prefijos escolares del latín in– (Entró) o e– (Salió); el desuso se originó, mea culpa, desde los medios masivos de difusión: Los nacionales mencionan a los inmigrantes en Estados Unidos, aunque deben llamarlos emigrantes, puesto que hablan desde acá, su país de origen. Crónicas y reportajes pocas veces conjugan los respectivos verbos: Todo se resume al “migró” y nos ahorramos la naturaleza del viaje. Total, si Julio Iglesias emigró de España no tendrá tanta repercusión -mediática o gramatical- como los cientos de miles de africanos que inmigran a sus playas cada año.

La inmigración sirio-libanesa a México, por ejemplo, intensa desde las 2 décadas finales del siglo XIX, preserva su impacto hasta la actualidad: Los Slim, Los Chedraui, los Harp Helú, Jaime Sabines, Elías Trabulse e Ikram Antaki; y en Villahermosa, dinastías completas todavía con uso de poderes político y económico: Los Haddad, Los Manzur, los Dagdug, etc. Igual caso de la inmigración judía, masiva hasta la década de 1930, muy selectiva hasta 1948, cuando surgió Israel; y de la italiana desde el Entreguerras (y de cuyas desventuras supimos gracias a su integrante más egregio: Sergio Pitol). Migraciones, no exilios.

México -nos dice su historia oficial- disfruta de una reputación de “nación hospitalaria”, en el sentido de serlo para extranjeros perseguidos. Por aquí pasaron Von Humbolt, Bolívar, Rubén Darío, Zorrilla, Bierce, Sandino, Lowry, Árbenz, Fidel, Camilo y el Che, más o menos indeseables en sus países: Todos exiliados, ninguno migrante. Subrayo la ya evidente condición temporal de cada uno, si bien varios de ellos (Paco de Lucía, Leonid Afrémov, Tamara de Lempicka, el propio Bierce) exhalaron su último suspiro aquí. Lo subrayo como una de las 2 variantes del argumento: Temporal para los exiliados, aunque nunca vuelvan; perenne para los migrantes, aunque puedan volver y lo consiguen. La segunda variante: Los emigrantes centroamericanos y caribeños realmente no vienen a México; lo atraviesan, lo cruzan, lo transitan desbrozando autopistas de cuota o a lomo de ferrocarril. Su objetivo no es la estancia, sino la errancia: Por trámite, Washington los confina a esperar su visado de acceso, incluso el humanitario, a lo largo de los 3 mil kilómetros de la frontera mexicana; mientras, el gobierno mexicano les otorga una residencia provisional. Ese mientras podrá ser temporal o perenne, podría ser junto al río Bravo o en Villahermosa: La distinción no queda clara si la prioridad es simplemente subsistir. ¿Migrantes o exiliados?

Exilio y migración, migración y exilio, son palabras que se contemplan en el tezcatl, el espejo de obsidiana de las culturas mesoamericanas, producto también de otras migraciones y otros exilios. Se observan sin preguntarse cuál de ellos es el reflejo, pero respondiéndose invariablemente que cada uno es el real, el concreto, el original. Sucede lo mismo para sus genealogías: En ese espejo de obsidiana se miran su herencia cultural y la cultura que las rodea, el choque y la asimilación, las desventajas de lo que dejaron atrás y las ventajas de lo que se encuentran día tras día, pues un pensamiento los acompaña dentro del equipaje (Resumido en el dicho mexicano que refleja nuestra propia maraña de mestizajes): “Mi casa dejaría por mi mejoría”.

Plataforma Cero nace decidiéndose a fortalecer, señalar, describir y visibilizar los fenómenos del tezcatl, su anverso y su reverso, a través de las múltiples voces que dialogan allí, o más bien, que desean dialogar debido a una condición cuyo adjetivo indicaría en una palabra que prefiero por su carencia de connotaciones peyorativas, quizá al provenir del circo y de los cómicos de la legua: Trashumante.

Porque más allá de la situación jurídica -el empeño de cada organización social por definirse-, migrantes o exiliados, vuelvan o no, aquí y allá, serán trashumantes: Nómadas que, como los prehistóricos, llevarán consigo el fuego individual de su memoria, su voz, su vehemencia y su ingenio para persistir en el tiempo y el espacio a través de la literatura, el registro inexorable de la presencia, la conciencia y la existencia.

Autoras y autores, editoras y editores de Plataforma Cero, desde la diversidad -cualesquiera que sean sus categorías-, desde sus propias miradas al espejo, alientan la necesidad de poner en relieve esa literatura periférica, oprimida, pero viajera y singular, sincrética y única, que implica libertad, aprendizaje, tolerancia e innovación como valores indispensables del arte.

Mi participación en Plataforma Cero no sólo busca contribuir con mi voz y mi propio bagaje cultural a la visión y la revisión de esas miradas: Pretende conocer y formar parte de esos fenómenos, enriquecer las perspectivas de mi constructo cultural, abrir el diálogo interior y exterior, pero, sobre todo, fomentar la literatura de orillas lejanas a la industria, la mercadotecnia y la mera fama mediática, alentar de ida y vuelta la creación escrita con historias nuevas, desconocidas, apagadas, que merecen alcanzar a un público lector, desde orillas lejanas, igualmente ávido de otros discursos y otros ámbitos.

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3 comentarios sobre “Plataforma Cero: otro tezcatl

  1. Es un placer el comprobar que has decidido seguirme en mi web: “minovela.home.blog”. Me encanta la oportunidad que me ofreces de ser tu compañera bloguera. Espero que disfrutemos compartiendo nuestros escritos. Yo por mi parte te invito a que leas mis entradas anteriores para que estés al día de lo que voy escribiendo sobre la novela y puedas ir captando su filosofía, confiando en que comprendas la profundidad de su mensaje. Estoy segura de que no te dejará indiferente.
    Un saludo de bienvenida
    Mary Carmen

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